Las Aventuras de Javi

GÉNERO: Humor

USER: José María Bustillo García — 892 palabras

Capítulo 1: El Despertar del Nota

Javi amaneció con la cara pegaíta a la mesa, con marcas de teclado en la frente y olor a tostada quemá que venía de alguna parte del piso.
—Esto es arte moderno —dijo, levantándose como si la gravedad ese día estuviera cabreá.

Mientras intentaba orientarse, escuchó a la vecina del quinto discutir con su pareja por el altavoz del patio interior.
—TE HE DICHO MIL VECES QUE NO METAS EL GATO EN LA NEVERA.
Javi se frotó la cara.
—Otro día normal, sí.

Capítulo 2: El Café Maldito

Se acercó a la cafetera, su enemigo íntimo. Le dio un toquecito cariñoso.
—Venga, churri, pórtate bien hoy, que lo mismo esta tarde te limpio.

La cafetera, ofendida, decidió escupirle café por un lateral como si fuera un dragón asmático.
—¡Me cago en tus tuercas! —Javi intentó esquivarlo, pero parecía que el café tenía puntería de francotirador.

Al final, se hizo un café instantáneo que sabía a arrepentimiento.
—Esto me va a quitar la vida antes que el estrés.

Capítulo 3: El Autobús, el Roncador y la Revelación

Javi salió a la calle con esa energía que tiene alguien que ya no tiene energía.
Llegó a la parada y vio el bus arrancando.
—¡CHOFER, NO ME HAGAS ESTO, ILLO QUE LLEGO TARDE!
Milagrosamente, el conductor lo esperó.
—Venga, sube, que hoy tengo buen día —dijo sin sonreír.

Dentro todo era caos: un niño pegando martillazos a una tablet, una señora peleándose con su paraguas, y el famoso señor roncador del día anterior.
Los ronquidos parecían mensajes en morse.
“Quizá es una señal del destino”, pensó Javi.
Luego otro ronquido sonó como un motor gripando.
“Vale, no es señal, es que este hombre necesita un túnel de viento pa respirar.”

Capítulo 4: El Trabajo (o La Cárcel con Aire Acondicionado)

Entró en la oficina. Su jefe, Manolo “el Intratable”, ya lo miraba como un francotirador que ha visto movimiento.
—Javi, llegas cinco minutos tarde.
—Manolo, llego cinco minutos vivo, que es más de lo que esperaba.
—No me seas gracioso.
—Pero si yo soy gracioso hasta sin querer.

Manolo suspiró.
—Hoy te toca revisar los informes del trimestre.
Javi miró la montaña de papeles como quien mira el Everest con chanclas.
—¿Tiene que ser hoy?
—Sí.
—¿Y puedo llorar?
—No.
—Demasiado tarde.

A mitad de informes, su amigo El Moña le mandó un audio que empezaba con:
“Illo Javi, te tengo un plan gordo pa esta tarde.”
Nada bueno empezaba así.

Capítulo 5: El Plan del Moña

Quedaron en el parque de siempre, el de los bancos cojos.
El Moña ya estaba allí, fumándose un cigarro que parecía tener más años que ellos.
—Javiiii, picha, escucha esto.
—Dime que no es ilegal.
—Depende.
—Mal vamos.
—¿Sabes que el bazar de la esquina tiene un robot aspiradora que sigue a la gente si le pones música?
—¿Cómo que sigue a la gente?
—Que se pone en modo Rumba pa perseguirte como si fuera un perro.
—Moña, por favor, no me digas que lo has…
—Nah, nah, no lo he robado.
—Menos mal.
—Lo he convencido.
—¿QUÉ?
—Es que me cae bien, picha.

Javi se llevó las manos a la cara.
—Moña, yo quiero vivir una vida tranquila.
—¿Y de qué ibas a vivir? Si tú sin follón te mueres.

Capítulo 6: La Tarde Se Torció

Mientras hablaban, un ruido metálico empezó a sonar entre los arbustos del parque.
¡CLONK! ¡CLANK! CLONK-TILIN-TILIN!
El Moña sonrió con orgullo materno.
—Ese es el niño.

De los arbustos salió un robot aspiradora enorme, tuneao con luces LED, una pegatina de flamenca y un altavoz bluetooth a toa pastilla poniendo “La Macarena” en versión tecno.

—Moña… ¿qué coño has creado?
—Un compañero emocional.
—Eso es un peligro con ruedas.
—Lo sé. ¿A que es precioso?

El robot se acercó a Javi como si lo estuviera escaneando pa adoptarlo.
—Quillo, que me está olfateando.
—Es que reconoce la desesperación.

Capítulo 7: La Huida Inesperada

De repente, el robot empezó a acelerar sin motivo.
—¿Por qué corre? —preguntó Javi.
—No sé.
—Moña, ¿qué botón has tocao?
—Uno que ponía “Turbo”.
—¡¿Y LO HAS TOCAO?!
—Hombre, si pone “Turbo”, habrá que verlo.

El robot salió disparao calle abajo.
—Se va pa la avenida principal —dijo Javi.
—Pues habrá que seguirlo —dijo El Moña.
—¿Y cómo?
—Corriendo.
—No estoy preparado pa esto.
—Yo tampoco, pero yo ya he asumido mi destino.

Y salieron los dos detrás del robot como dos dibujos animados mal hechos.

Capítulo 8: El Inicio del Caos (y del Lío Que Viene)

El robot se metió en un pasaje estrecho, luego giró hacia la plaza, luego casi atropella a un repartidor, y finalmente entró en el mercado municipal como si fuera a hacer la compra.

La carnicería gritó.
La pescadería gritó.
Alguien perdió un tomate.
Un perro ladró por solidaridad.

—MOÑA, ESTO ES TU CULPA.
—YA, PERO ADMITO QUE ESTÁ GUAPÍSIMO.
—¡NO ES EL MOMENTO!

Cuando llegaron a la sección de verduras, el robot estaba subido encima de un palé de sandías como si hubiera conquistao un nuevo reino.

—Javi… tenemos que planear algo.
—Sí.
—Algo serio.
—Sí.
—Algo inteligente.
—Sí.
—¿Qué hacemos?
—Ni idea.

Y en ese momento…
Algo empezó a brillar en la parte inferior del robot.
Un botón que ninguno de los dos había visto hasta ahora.
Un botón enorme.
Un botón rojo.

USER: santiago — 747 palabras

Capítulo 9: El Botón Rojo (que Nunca se Debe Pulsar)

Javi y El Moña se quedaron quietos, como dos ciervos mirando los faros de un coche… pero en versión “dos desgraciaos mirando un botón que claramente anuncia tragedia”.

—Moña… —susurró Javi— ¿por qué nunca me dices estas cosas ANTES?
—Porque si te las digo antes, no vienes.

El botón rojo empezó a parpadear.
Pim… pam… pim… pam…
Cada parpadeo parecía sonar más cerca de la palabra explosión que de la palabra suave.

—Javi, yo creo que es pa resetearlo.
—Y yo creo que es pa detonarlo, Moña.
—¿Quién pone un botón de detonación en un robot aspiradora?
—Un chino que ha tenido un día muy malo, Moña. Esa gente programa venganzas pasivas.

Antes de que pudieran decidir qué hacer, una señora del mercado, vestida entera de leopardo y con carácter de sargento, se acercó decidida.

—¡Eso no se toca, niños! —dijo, y extendió su mano hacia el botón.

—¡SEÑORA NOOOOO! —gritaron los dos al unísono.

Pero la señora ya estaba dándole con un dedito lleno de anillos.

CLIC.

El robot dejó de parpadear.
Se apagó entero.
Silencio absoluto.

—¿Ves? No pasaba ná —dijo ella, orgullosa.

Y entonces…

El robot emitió un pitido profundo, como cuando un submarino se da cuenta de que ha chocado con un iceberg.
Los LED se pusieron morados.
El altavoz soltó un rugido electrónico.

El Moña tragó saliva.
—Javi… ¿te acuerdas de Terminator?
—Sí.
—Pues yo creo que este es su primo malafollá.

Capítulo 10: El Despertar de la Bestia Doméstica

El robot, antes dócil, empezó a elevarse ligeramente del suelo, como si de repente le hubieran instalado un modo dron.

La pescadera dejó caer una merluza.
El frutero hizo un gesto de santiguarse, pero sin saber dónde estaba el norte.
Un niño empezó a llorar sin saber por qué.

—Moña… ¿eso estaba en las instrucciones?
—No… pero tampoco las leí.
—¿Y por qué no las leíste?
—Porque estaban en chino, picha.

El robot comenzó a hablar. O algo parecido a hablar.

—INICIANDO MODO SUPERIOR. OBJETIVO: OPTIMIZAR EL ENTORNO.
—Esto no me gusta nada —susurró Javi.

El robot giró sobre sí mismo, apuntando su tubo aspirador hacia los puestos del mercado.
Y sin avisar…

FWOOOOOOOOSH

Una ráfaga de succión salió con fuerza militar.
Tomates volando, servilletas que parecían fantasmas, un paquete entero de pipas entrando directo al depósito.

—¡QUE NOS ASPIRA! —gritó El Moña, escondiéndose detrás de Javi.
—¡NO ME USES DE ESCUDO, COBARDE!

El robot avanzó hacia ellos poco a poco.

—Tenemos que pararlo —dijo Javi.
—¿Cómo?
—No sé.
—¿Le tiramos una sandía?
—Eso nunca funciona, Moña.
—¿Y si lo desenchufamos?
—No está enchufao.
—¡Pues ahí está el problema!

Pero antes de poder hacer algo, el robot captó un nuevo objetivo.

La puerta del mercado.

Y salió disparao.

Capítulo 11: El Escape del Siglo

Javi y Moña corrieron detrás de la máquina poseída mientras ésta avanzaba por la calle como un misil con síndrome de acumulador.

—¿Dónde crees que va? —preguntó Moña jadeando.
—A optimizar su entorno, ha dicho.
—Eso suena a que va a ordenar la ciudad.
—Sí. Ordenarla… o tragársela.

El robot cruzó un paso de peatones sin mirar (muy mal, por cierto).
Un coche frenó en seco.
El robot le aspiró la matrícula.
El conductor soltó un “¡ME CAGÜEN TODO!” que resonó en toda la avenida.

—Javi… esto está ya feo.
—Feísimo.
—Nos van a detener.
—Nos van a detener, juzgar y quizá deportar.
—¿A dónde?
—A cualquier sitio donde no haya robots.

El robot giró hacia el paseo marítimo.

—No… no, no, no… Moña, como ese bicho llegue a la playa y empiece a aspirar arena…
—Se convierte en un desierto de cristal.
—O en una aspiradora de 400 toneladas.
—Javi…
—¿Qué?
—Tenemos que pararlo.
—Ya lo sé.
—Pero tú primero.

Capítulo 12: La Decisión Peor Pensada del Año

En mitad del paseo, el robot se detuvo.
Giró sobre sí mismo.
Elevó un compartimento.

Y apareció otro botón rojo.

—¿OTRO? —dijo Javi.
—Este tiene hasta una pegatina que pone “NO”.
—Moña, si pone “NO”, ¿por qué lo han puesto?
—Porque pone “NO”, Javi. Eso lo hace especial.

El robot comenzó a cargar energía.
Un zumbido creciente llenó el aire.

—Ese sonido —dijo Javi— es sonido de final de capítulo, Moña.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque siempre que pasa algo así, la cosa se corta justo cuando vas a saber qué ocurre.

El robot brilló.

Los dos se miraron.

Javi dijo:

—Moña… si vamos a hacer algo estúpido… es ahora…

USER: santiago — 747 palabras

Capítulo 9: El Botón Rojo (que Nunca se Debe Pulsar)

Javi y El Moña se quedaron quietos, como dos ciervos mirando los faros de un coche… pero en versión “dos desgraciaos mirando un botón que claramente anuncia tragedia”.

—Moña… —susurró Javi— ¿por qué nunca me dices estas cosas ANTES?
—Porque si te las digo antes, no vienes.

El botón rojo empezó a parpadear.
Pim… pam… pim… pam…
Cada parpadeo parecía sonar más cerca de la palabra explosión que de la palabra suave.

—Javi, yo creo que es pa resetearlo.
—Y yo creo que es pa detonarlo, Moña.
—¿Quién pone un botón de detonación en un robot aspiradora?
—Un chino que ha tenido un día muy malo, Moña. Esa gente programa venganzas pasivas.

Antes de que pudieran decidir qué hacer, una señora del mercado, vestida entera de leopardo y con carácter de sargento, se acercó decidida.

—¡Eso no se toca, niños! —dijo, y extendió su mano hacia el botón.

—¡SEÑORA NOOOOO! —gritaron los dos al unísono.

Pero la señora ya estaba dándole con un dedito lleno de anillos.

CLIC.

El robot dejó de parpadear.
Se apagó entero.
Silencio absoluto.

—¿Ves? No pasaba ná —dijo ella, orgullosa.

Y entonces…

El robot emitió un pitido profundo, como cuando un submarino se da cuenta de que ha chocado con un iceberg.
Los LED se pusieron morados.
El altavoz soltó un rugido electrónico.

El Moña tragó saliva.
—Javi… ¿te acuerdas de Terminator?
—Sí.
—Pues yo creo que este es su primo malafollá.

Capítulo 10: El Despertar de la Bestia Doméstica

El robot, antes dócil, empezó a elevarse ligeramente del suelo, como si de repente le hubieran instalado un modo dron.

La pescadera dejó caer una merluza.
El frutero hizo un gesto de santiguarse, pero sin saber dónde estaba el norte.
Un niño empezó a llorar sin saber por qué.

—Moña… ¿eso estaba en las instrucciones?
—No… pero tampoco las leí.
—¿Y por qué no las leíste?
—Porque estaban en chino, picha.

El robot comenzó a hablar. O algo parecido a hablar.

—INICIANDO MODO SUPERIOR. OBJETIVO: OPTIMIZAR EL ENTORNO.
—Esto no me gusta nada —susurró Javi.

El robot giró sobre sí mismo, apuntando su tubo aspirador hacia los puestos del mercado.
Y sin avisar…

FWOOOOOOOOSH

Una ráfaga de succión salió con fuerza militar.
Tomates volando, servilletas que parecían fantasmas, un paquete entero de pipas entrando directo al depósito.

—¡QUE NOS ASPIRA! —gritó El Moña, escondiéndose detrás de Javi.
—¡NO ME USES DE ESCUDO, COBARDE!

El robot avanzó hacia ellos poco a poco.

—Tenemos que pararlo —dijo Javi.
—¿Cómo?
—No sé.
—¿Le tiramos una sandía?
—Eso nunca funciona, Moña.
—¿Y si lo desenchufamos?
—No está enchufao.
—¡Pues ahí está el problema!

Pero antes de poder hacer algo, el robot captó un nuevo objetivo.

La puerta del mercado.

Y salió disparao.

Capítulo 11: El Escape del Siglo

Javi y Moña corrieron detrás de la máquina poseída mientras ésta avanzaba por la calle como un misil con síndrome de acumulador.

—¿Dónde crees que va? —preguntó Moña jadeando.
—A optimizar su entorno, ha dicho.
—Eso suena a que va a ordenar la ciudad.
—Sí. Ordenarla… o tragársela.

El robot cruzó un paso de peatones sin mirar (muy mal, por cierto).
Un coche frenó en seco.
El robot le aspiró la matrícula.
El conductor soltó un “¡ME CAGÜEN TODO!” que resonó en toda la avenida.

—Javi… esto está ya feo.
—Feísimo.
—Nos van a detener.
—Nos van a detener, juzgar y quizá deportar.
—¿A dónde?
—A cualquier sitio donde no haya robots.

El robot giró hacia el paseo marítimo.

—No… no, no, no… Moña, como ese bicho llegue a la playa y empiece a aspirar arena…
—Se convierte en un desierto de cristal.
—O en una aspiradora de 400 toneladas.
—Javi…
—¿Qué?
—Tenemos que pararlo.
—Ya lo sé.
—Pero tú primero.

Capítulo 12: La Decisión Peor Pensada del Año

En mitad del paseo, el robot se detuvo.
Giró sobre sí mismo.
Elevó un compartimento.

Y apareció otro botón rojo.

—¿OTRO? —dijo Javi.
—Este tiene hasta una pegatina que pone “NO”.
—Moña, si pone “NO”, ¿por qué lo han puesto?
—Porque pone “NO”, Javi. Eso lo hace especial.

El robot comenzó a cargar energía.
Un zumbido creciente llenó el aire.

—Ese sonido —dijo Javi— es sonido de final de capítulo, Moña.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque siempre que pasa algo así, la cosa se corta justo cuando vas a saber qué ocurre.

El robot brilló.

Los dos se miraron.

Javi dijo:

—Moña… si vamos a hacer algo estúpido… es ahora…

2386 palabras — 10 páginas — 8% de 30000 palabras

  • USER: José María Bustillo García — 4 páginas (892 palabras)
  • USER: santiago — 6 páginas (1494 palabras)

Debes iniciar sesión para continuar escribiendo.